miércoles, 29 de julio de 2009

Comienzos

Es raro cuando la vida pone en el camino de uno esas piedras conocidas. Es raro ir conociendo las vicisitudes de las que todos hablan, ir acariciando el lomo de esa fiera que pareciera amenazar la vida de todos, sin distinción. El momento, el suceso, lo posterior, todo sombreado por un miedo nuevo, latente. Esas trompadas al mentón, momentos en los que uno, inconcientemente, baja la guardia para respirar, y pum, de repente. Y los prmeros momentos son eso, golpes, trompadas, piñas, mares de tristeza. La isla que parece formarse en los pies de uno. Alrededor los suspiros del viento se mezclan con las frases de ánimo, los intentos por devolver el cauce natural y cotidiano. Algo que se logra con el paso del tiempo, del mismo modo que el agua erosiona un poco las piedras, los sentimientos, el alma. Aprender siempre es lindo, siempre es gratificante. Darme cuenta de ello me gusta, saber que alguien me da una lección en la vida. Ayer, 28 de junio, se fue una de ellas, que me dio una muy importante. Siempre se puede ser mejor, siempre se puede aprender. Siempre se puede ser fuerte para sobrellevar incluso las situaciones más duras y al mismo tiempo ser el alma de una familia. Cada uno conforma una persona, la moldea en su ser y la hace vivir con uno. Eso no cambia, y no hay quien pueda erosionarlo. Y finalmente es lo que hace al ser humano, al vivir. Ese sentimiento es tan fuerte que el dolor y la tristeza, finalmente, se ven soslayados, por aquél, que lento y poderoso surge entre todo y se coloca donde nunca deja de estar. Nunca son finales, siempre son comienzos.

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