viernes 23 de diciembre de 2011

El final de ¿Cuál es?

Es raro escribir sobre algo que no se vivió, que no se sintió. al menos no en vivo. Hace ya muchos años dejé de escuchar ¿Cuál es?, el programa de Mario Pergolini en la Rock y Pop. El programa siempre fue básicamente lo mismo, no tuvo grandes cambios.  Sí fue, desde que apareció, el formato más copiado en cuanta fm uno encontrase.  Pero esto no va a ser un análisis del programa en sí, o de por qué este tipo decidió dejar de escucharlo. No es ennumerar la falta de tiempo, la falta de humor, la metemorfosis que hizo en su mente la imagen que tenía del locutor copado devenido en empresario macrista.  No es la idea, no.

Es imposible no pensar en la radio y en la corbata del secundario semi privado de Constitución. Siempre está esa maldita etapa dando vueltas. No maldita porque la haya sufrido. Pero volvía de esa escuela escuchando siempre el radioteatro del mediodía en los enormes walkman amarillos, atados con una gomita de plástico para que no se saliera la tapa del casette. Y me reía solo, con unos auriculares enormes tapando mis oídos.  Y al otro día, en el primer recreo, escuchaba la apertura de un solo locutor. Era, por entonces, el año 1996. Arrancaba ese riff y se venía la apertura, justo cuando terminaba el primer recreo. Entonces a veces me escondía en el baño y llegaba a la clase empezada. Y todavía al día de hoy, sueño con que llego tarde al aula y bajo corriendo esas escaleras caracol. En esos años pasé de querer ser periodista a querer hacer radio. Como casi todos los que escuchamos ese programa.  Y los que antes escucharon Malas Compañías.


Pasó a ser eso. No un modelo a seguir, pero si un programa al cual admirar, al cual sentirse parte. Y al mismo tiempo CQC tenía sus mejores temporadas en América TV. Y al mismo momento conocí a Luifa y congeniamos en el mismo dial. Y así trajimos amigos a que escucharan esas mismas cosas.  Y eos, pasó, la radio, un programa.

Hace un rato, Luifa puso en facebook que era como la despedida de dos amigos, y me pareció exagerado. Y recordé cuando hace años terminó Animal de Radio, en una versión casi Bangkok, aunque con Martín Ciccioli también. Y decidí buscar el audio, y esas cosas que tienen los trabajos, lo encontré. Lo escuché. Y durante un silencio de radio pasaron miles de risas, historias, mails, un llamado, salir al aire para participar por 10 litros de Quilmes (aunque llegar para el momento en que solamente pude votar por una de las hitorias presentadas), las risas con las historias de De La Puente, escritas con el Tío Word 7.0 (El osito mimosito con su camiseta de Racing), el querer escribir un guión en horas de clase (La hora Ramos), la llegada de Mogui, y el ángel Ruperto que tenía que cuidarlo para ganar otra oportunidad en la tierra. Los chistes de gallegos metidos en esas historias. Los veranos con Gatman, la música de Europe para la sección de Deportes. Y cómo pasó de ser el programa más improvisado al más guionado de la radio.

...
...
...

... bueno, chau. Gracias.



Nunca terminé de buena gana nada de lo que empecé
Soy un vago y lo sé
Cierto que una vez una mujer casi me hace enloquecer
Me conoció y se fue
Voy a donde llegan mis pies, piso el suelo desde el cielo y ya me ves
las cosas me van bien
Aún puedo soportar mi estupidez

Tengo algún amigo que no me ha fallado ni una sola vez

aunque yo sí fallé
No sé que camino me ha tocado, no me gusta conocer
qué haré dentro de un mes
Crecí siempre de cara al mar, respiro mejor entre la normalidad
que en una gran ciudad
Y a veces no está mal la soledad (nainana, nanana)
No está nada mal la soledad (nainana, nanana)
No está nada mal la soledad

Prefiero una gran mentira antes que una pequeña verdad

puede ser más real
Nunca me doy prisa por llegar a donde no quiero llegar
si no hay necesidad
Puedo perder la lucidez,
si el vino es bueno tengo ese extraño poder
de saber que después
nada volverá a ser como ayer (nainana, nanana)
nada volverá a ser como ayer (nanana, nanana)
nada volverá a ser como ayer (nanana, nanana)
nada volverá a ser como ayer

miércoles 21 de diciembre de 2011

Anoche llovió


¿Viste la tormenta que se largó anoche? ¡Mamita! No, si no sabés, yo estaba caminando, en plena calle me agarró cuando se largó con todo, se largó feo, feo, había así relámpagos a cada rato. Nunca supe bien cuál era el relámpago y cuál era el trueno y el rayo y esa bola, creo que tiene que ver con los sentidos, uno se ve, el otro se escucha o bola así, no tengo idea. Igual, el tema es que se largó recontra feo, madre mía, si yo iba caminando, te digo, venía de la casa de Chicho. Nos habíamos juntado a tomar una cerveza con Chicho, hace años que no lo veía al pobre Chicho, ahí anda, con sus mismos problemas de siempre, es una figurita repetida, no hay caso con Chicho.  Siempre anda en la misma, siempre con su mismo drama, es una cosa de nunca acabar, el Chicho. A veces me da pena, pobre, porque se anda como envolviendo en esa nube de siempre, y con esos mismos problemas y ya cansa, viste que Chicho es así, muy de tirarse abajo, queda hecho una porquería el Chicho, pobre. Nos juntamos a tomar algo y a comer una picadita que llevé yo, le compré unas mortadelitas y unos quesitos que no sabés, parecían de Tandil. El salame fino que llevé, estaba de chupete, una delicia. Chicho puso la birra, porque Chicho si hay algo de lo que sabe es de cerveza, viste que Chicho cada dos por tres se deprime y se toma una cerveza y después no se le pasa, pero él dice que si, es una cosa este Chicho, si te digo cómo estaba ayer y te dan ganas de llorar, jaja, porque el Chicho, mirá.  Lo que no sabía era que estaba mal de la vista Chicho, usa unos culo de botella que necesitás un limpiaparabrisas para limpiarlos. Si anoche antes de irme le decía “aprovechá que se viene la lluvia para limpiarlos afuera”, ja ja. Sí, se reía un poco el pobre Chicho, estaba así bajoneado por ese tema de siempre. Y estuve un rato hablándole, tratando de que esté bien, viste cómo soy yo con los amigos, y más con el Chicho, que lo conozco desde hace 30 años al Chicho, pero bueno.  Y siempre con el mismo drama, mirá. Y nos divertimos igual un rato porque a mi me da de recordar cosas de cuando nos conocíamos, con Chicho nos conocimos en el barrio… pero vos ya sabés, qué te voy a contar si te lo conté como mil veces.  Pero nos da de recordar, una vuelta nos metimos en el potrero en un día torrencial de lluvia, feo, pero fulero, eran las 3 de la tarde y estaba que parecía noche, mirá. Y se largó una de lluvia que no sabíamos para dónde correr. Ese día ha´biamos estado matando sapos y lauchas en el potrero con Chicho. El Rúben se había rajado antes, medio cagado, claro, eso era como un pecado, viste, lo de matar sapos, qué se yo. Pero esa vez se largó una, por dios, no sabés, estábamos que nos hundíamos en el barro.  Nos moríamos de risa en un momento.  La lluvia tiene eso, viste, parece como que de repente te limpia, te saca todo. Si cuando salimos del potrero hicimos dos cuadras y quedamos limpitos.  Pasa eso, no sé.  Tiene como una cosa así la lluvia. Bah, eso siento yo, me provoca eso.Y anoche lo hablaba con Chicho, viste, que tiene esa cosa así en la espalda, el pobre. Estaba como raro, peor que de costumbre, le dije que saliera, que semojara un poco, que se iba a sentir mejor, pero claro, mirá que en 10 años hubo tormentas. Y si, te digo 10 años porque es así. Siempre Chicho tuvo algo que lo molestaba, pero desde hace 10 años… desde ese día se profundizó todo más, pobre chicho. Si se quiso hasta matar alguna vez, lo vuelve loco eso al Chicho.  Aquél día la cagó en grande. Esa noche me acuerdo de que, sabés, no llovió.  No llovió, fue como que no sé. Viste que te digo, la lluvia como que te limpia, pero tiene que ser así, inmediato, algo de toque, no de días, incluso ni de horas. Yo te digo, si esa noche hubiera llovido… en una de esas no quedaba así Chicho.  Qué se yo, uno lo ve así, viste, como medio así todo. Puede que sea raro, pero no sé. Me sentí tan mal, de verlo así. Tan mal me sentí que de la pena que tenía pasé a una bronca, una bronca pero así enorme.  Viste, qué se yo. Y yo soy como el Chicho en el fondo. Cuando exploto, exploto,d e bronca exploto y mueren alrededor, hay onda expansiva. Y viste, qué se yo. Había quedado ahí el cuchillo con que cortamos el salame.  Y el Chicho estaba así y yo tenía tanta bronca por verlo así, me dio tan pusilánime en un momento, tan merecedor de… librarse de eso.  Tan sometido, tan forro, tan hijo de remil puta.  Tan pero tan hijo de puta, el pelotudo.  Un forro, de aquella vez, mirá que agarrse con esa nena, una santa era. Y este forro de Chicho… y uno se deja llevar a veces.  Qué se yo, viste, cómo es eso, una emoción.  Y me fui como medio atormentado después, porque Chicho quedó como así, tan tranquilo que parecía que me pasaba todo a mí. Menos mal que cuando salí se largó tremenda tormenta. ¿Viste la tormenta que se largó anoche?  Terrible la tormenta.

viernes 16 de diciembre de 2011

Llamados. Mapfre Seguros: Verborragia

Suena teléfono. 10:30 AM.

-Hola -
-Buen día, señor Paco, ¿es usted cliente de Banco Litoral?
-Eh... si -
-Muy bien, lo llamo de Mapfre seguros para ofrecerle un servicio por seguro para su hogar que le incluye innumerables prestaciones por un precio más que accesible, le comentamos que usted mediante ese seguro contrata un seguro contra accidentes, siniestros, incendios, granizo, mal tiempo; una prestación sin precedente que se le ofrece a usted, señor Paco, por ser cliente del Banco Litoral, gracias a lo cual usted no debe preocuparse por abonar en nuestras oficinas centrales sino que tan sólo desde la comodidad de su hogar podrá abonar mediante débito bancario, comodidad de su hogar, señor Paco, que le va a resultar aún mejor cuando cuente con nuestros servicios, entre los cuales le puedo mencionar que le cubre la prestación en caso de un accide, le pregunto, señor Paco, ¿usted tiene niños en el hogar?
-.... eh... si, pe... -
-Muy bien señor Paco, porque seguramente usted ha atravesado por algún momento complicado con su hijo mediante el cual seguramente su hijo ha roto algún vidrio, cristal, esperando que él no resultara herido, toco madera, señor Paco, le comento que mediante el servicio que le brindamos por ser cliente del Banco Piegonia la colocación y reposición del vidrio o cristal que su hijo haya roto, señor Paco, sí, escuchó bien, le damos la reposición sin ningún cargo señor Paco, y seguramente ha sufrido algún otro inconveniente como ser invitar amigos a comer y hayan sufrido algún tipo de intoxicación, señor Paco, porque sabemos que muchas veces en los supermercados chinos ocurre que nos venden artículos frescos cuando en realidad no están así, señor Paco, por lo cual queremos hacerle saber que mediante el servicio que usted va a contratar por menos de un peso cincuenta por día, usted va a estar cubierto de cualquier problema que pueda tener en alguna fiesta que puedan dar en su casa, al ser usted gente joven, señor Paco, y le consulto ¿usted vive en el barrio de La Boca?
-... ufff, este, sí, per...
-Perfecto, Señor Paco, porque seguramente en su barrio ocurren diariamente actos de vandalismo, señor Paco, y seguramente habrá sufrido su hogar muchas veces roturas de ventanas, pintadas, tachos de basura abiertos en su puerta, y demás situaciones a las que estamos acostumbrados por vivir donde vivimos, Señor Paco, toco madera, aunque sabe de qué hablo, señor Paco...
-Ufff, bancá, bancá, me aturdís. Todo bien con el speach. pero no me interesa... -
-... ¿Cómo que no le interesa? ¿Le parece mucho pagar $1.50 por día por este servicio, señor Paco? -
-Si, no me interesa -
-¿Por qué, señor Paco? ¿No cree usted que debería, por $1.50 por día, asegurar todas las posesiones que tiene que seguramente le ha costado mucho esfuerzo, tiempo y dinero conseguir, señor Paco?
-Todo bien, pero no quiero -
-¿Por qué, señor Paco?
-Porque no quiero, ya está, uno tiene sus conflictos ideológicos con el tema de la propiedad privada como para asegurar eso, adem...
-Pero usted tiene seguro de vida, señor Paco -
-... ¿Y qué tiene que ver? aparte me cayó mal eso de que acá hay vandalismo, te comento -
-Y claro que hay vandalismo, señor Paco, en toda la ciudad de Buenos Aires está lleno de vándalos que todos los días queman y destrozan casas y rompen todo -
-Bue ...-
-Señor Paco, yo vivo en la ciudad y no me da vergüenza decir que estamos rodeados de delincuentes, y si usted no lo quiere reconocer es un problema suyo -
Clack
Tut Tut Tut Tut Tut Tut
-...ah, encima me quita el DERECHO de cortarle... -

miércoles 14 de diciembre de 2011

Un viaje a Chile

La última vez que visité Chile tenía 5 años. Al menos eso demuestra una fotografía del año 1986, mes de febrero. Estamos (creo) a los pies de un micro. La familia a pleno. Mis padres y mis tres hermanos. Si mal no recuerdo tengo una remera color rojo y azul, y un short, aunque bien debo estar inventándome una ropa que jamás tuve.  Del mismo modo que ahora (casi a ciegas) no puedo recrear la escena que tantas veces vi en aquella fotografía cuadrada y más bien pequeña, en aquél instante en que alguien nos retrataba no podía tener conciencia de lla situación en que podía estar más allá de mi familia.

Mis recuerdos son más bien vagos e inventados, surgen de relatos de los grandes.  Sí tengo la memoria de unos caramelos sueltos confitados, a los que yo llamaba porotos dulces.  Sí recuerdo estar setnado en una mesa comiendo eso con muchos chicos de la edad de mis hermanos, es decir, mayores que yo. Niños y niñas que saboreabamos de la misma bolsa de dulces.  Tengo recuerdos de un niño, un bebñé, con quien me saqué una foto en una silla.  Recuerdo a mi tía María dándome una indicación que no llegué a entender. Y una foto en brazos de mi abuelo. A él lo recuerdo borroso. No tengo mucha más memoria de aquél viaje.

Pasaron años.  Mi niñez fue arrastrada por un tsunami imparable y mi adolescencia se fue como el linyera que se pierde en el horizonte de la vía del tren con destino a alguna estación amable.  Con ese tiempo aprendí a mirar el pasado de la manera en que lo hacen los que hace 20 años llamaba señores.  Tomé conciencia de qué fueron los 80, los 70. O al menos eso intenté.  Me encontré en una nueva posición frente a todo. Me enamoré. Caminé. Trabajé. 

Un día volví. El motivo del viaje era similar a aquél que realicé a mis 5 años. Familiar, con otros integrantes. En algún momento, mientras bajo nosotros se alzaba la majestuosa Cordillera de los Andes, me motivó una sonrisa la idea de que la última vez que viajé tenía menos edad que esa relación, la cual era motivo casi excluyente de ese viaje.  

Ese día que volví, no parecía ser más que ello. Era una ciudad desconocida, nueva. Un aire distinto, un horizonte que se recortaba hacia arriba.  Una tonada familiar. Un gusto que me daba cierta nostalgia. Un extraño sabor a leyenda que me aceleraba la sangre de vez en cuándo.  De pronto todo se volvió como encontrar aquella foto, tirada en el cajón grande del mueble del comedor.  Pasar un paño y notar que se volvía más nítida.  Allí estaba yo, con mis 5 años, mis pantalones cortos, mis medias blancas, mis zapatillas negras y mi corte de pelo casco.

Allí lejos quedó, finalmente, el recuerdo. Ha pasado a ser lo que es.  No fue hasta entonces que me di cuenta que era algo pendiente. El recuerdo comienza a ser cuando se logran desprender de él los hilos que arrastramos a cada paso.  Uno se desprende de los recuerdos, pero jamás de aquello que lo ha ligado a él.


martes 13 de diciembre de 2011

Llamados

9 AM.  Suena el teléfono.

-Hola -
-Hola, qué tal, hablo de Departamento de Edificios Históricos...
-Ahá -
-¿Está Sandra?
-No, acá no hay ninguna Sandra -
-Ah, o sea que cambiaron los teléfonos, dónde la ubico ahora? -
-No, es que acá nunca hubo una Sandra -
-¿Pero no es un primer piso? - 
-Si -
-¿Y dónde está Sandra?
-No tengo idea -
-A ver, yo hablo de Departamento de Edificios Históricos de la Ciudad -
-Ahá... -
-Quiero hablar con Sandra -
-Es que acá no hay ninguna Sandra -
- ¿Este no es el 4301-2526?
-No, este es 2625 -
-Ah, por eso, cambiaron los números, entonces ¿dónde está ahora Sandra?
-¿Qué Sandra?
-Sandra, de Departamento de Edificios Históricos, primer piso.
-No tengo idea... -
-¿Usted no está ahora en el Deparamento?-
-Si, claro, es mi casa particular -
-¿Ah, no es el Edificio Histórico? -
-Y, tiene sus años -
-¿Pero es la dependencia del Gobierno de la Ciudad? -
-No -
-¿Entonces para qué me dijo que "ahá"? -
-Entonces usted para qué me dice que "habla de".  Me hubiera dicho que "quiero hablar con" -
-Pero, querido, bueno, chau, chau -

Tut Tut Tut Tut

lunes 7 de noviembre de 2011

Periodismo Clarín


Tentativos próximos títulos

EL GOL DEL TRIUNFO
Es el que tendría que haber gritado Schiavi ante Vélez



MESSI YA HACE MENOS DE 3 GOLES POR PARTIDO
Antes sus goles significaban 3 puntos para el Barcelona, ahora apenas 1.



miércoles 26 de octubre de 2011

Causa ESMA: la sentencia

García Tallada: 25 años de prisión
Oscar Montes: Prisión Perpetua
Jorge "Tigre" Acosta: Prisión Perpetua
Antonio Pernías: Prisión Perpetua
Alfredo Astiz: Prisión Perpetua
Raúl Scheller: Prisión Perpetua
Jorge Radice: Prisión Perpetua
Alberto González: Prisión Perpetua
Néstor Savio: Prisión Perpetua
Ricardo Cavallo: Prisión Perpetua
Adolfo Donda: Prisión Perpetua
Julio Coronel: Prisión Perpetua
Ernesto Weber: Prisión Perpetua
Juan Carlos Fotea: 25 años de prisión
Carlos Capdevila: 20 años de prisión
Juan Antonio Azic: 18 años de prisión


lunes 24 de octubre de 2011

Elecciones Presidenciales 2011

La historia. Esa, de los libros. Esa que a partir de la revolución tecnológica se construirá de forma más colectiva que nunca.  Esa que nos vemos obilgados a conocer, por una cuestión meramente académica, a veces. O la que nos toca leer por esas cuestiones de gustos personales. La que hoy se visita en un monitor, con los riesgos del hipertexto allí, más que cualquier otro momento. Esa historia es la que uno ve pasar por delante. Allí está.  Veloz, una vorágine de imágenes, números. Momentos.


La historia es la que se ve desde el balcón. La que comienza a tomar un color oscuro, de la noche, una vez que el sol bajó y deja de ser ese obstáculo visual que se soluciona con unos anteojos oscuros.  Allí, a 50 metros, se ven.  Están, como estuvieron antes, como no pudieron estar en otros momentos, como vuelven a estar.  Se juntan, se abrazan, lloran. Se besan, se saludan, se guiñan un ojo.  Se muestran sus hijos, se elogian. Cantan, bailan.  Se esconden tras las banderas, se funden con ellas.  Festejan. Viven.
Esa misma historia es la que nos obliga a aplaudir. A pensar, a disentir, a enojarnos. A desilusionarnos más de una vez. A renacer, a volver, caminar, estudiar, manejar. A enamorarnos, a confiar, a esperar.  A acompañar. 

Y caminamos, bajamos. Atravesamos la puerta de hierro (histórica).  Nos acercamos, nos fundimos.  Esperamos.  Registramos, alcanzamos a llevar por un segundo dentro nuestro una conciencia que nos permite aguardar el instante, el momento.  Eso.  Estamos aquí, viviendo la historia. Nos sentimos parte de la historia de los demás. Y ellos también. Esa sensación de que todos estamos allí por lo mismo, de que podemos decir que representamos a todos los que no están, porque al fin y al cabo, también son parte.

Son cientos. Se acomodan tras los vallados, y se ayudan lo más que pueden. Y también se traicionan. Pero (¡y cómo es esto al final!) miran hacia el punto exacto en el que, saben, se depositaran los ojos de quienes el día de mañana lo cuenten en los libros de texto para que un estudiantado deba repasar lo acontecido en esta región en esta época. Y esto es lo mismo que se refleja en los ojos de ese niño a caballito de su padre, en los de la mujer que hace instantes tuvo que sentarse lejos de la muchedumbre por una repentina baja de presión. Y hay gente que llora. “Yo nací para vivir este momento” dice alguien por allí.

Nos acurrucamos muy dentro de un instante en el que todo es un pueblo haciendo. Un pueblo que camina. Que hace historia. Que asimila el presente. Y que, tal vez, por primera vez en sus vidas, conjuga presente y futuro en una misma oración, en un mismo pensamiento. Y ahí sí, loco. La historia se vuelve distinta.