lunes, 30 de julio de 2007

Razones

5 razones de por qué le fue bien a la serie Casados con hijos (la de Telefe)








1- Por la actuación de Florencia Peña

2- Por el gran elenco con que contaban

3- Por la calidad de los guiones

4- Por las diferencias con la sitcom original

5- Por la presencia de Guillermo Francella


5 razones de por qué no le fue bien a la serie Hechizada: (la de Telefe)










1- Por la actuación de Florencia Peña

2- Por el gran elenco con que contaban

3- Por la calidad de los guiones

4- Por las diferencias con la sitcom original

5- Por la ausencia de Guillermo Francella


Ahora, para no herir suceptibilidades, vean lo que también puede pasar si ves la película Bewitched (esa con Nicole Kidman)

sábado, 28 de julio de 2007

Delay

Ahora que todos hablan de Harry Potter y Los Simpsons, posteo una foto de la nieve en Buenos Aires desde la puerta de mi pieza.

jueves, 26 de julio de 2007

Harry Potter Potter Harry Porry Hatter

¿Por qué la editorial tarda tanto en traducir un libro que un blogger puede terminarlo en un par de días? Harry Potter & the Deathly Hallows ya fue traducido entero en http://harrypotterenespanol.blogspot.com como por arte de magia. Como la magia de los números que seguramente han triplicado ya ese ridículo gasto de seguridad para no adelantar nada sobre el final. No es que no querían adelantar argumento o algo de eso, no querían que se supiera el final. Por más que aquellas personas realmente interesadas en saberlo hubieran ido a comprar el libro de igual manera. He leído los libros de Harry como también visto las películas, sin embargo decidí por mi bien quemar este libro en el blog antes mencionado, para evitarme esa paranoia loca que parece imponerte el mismo mundo. En algunos foros aquellos que han terminado de leerlo, ya se manifiestan vacíos, como si algo les faltara, como si hubieran perdido algo que los movilice en sus vidas. Siempre hubo una cierta teoría sobre lo bueno que era para los chicos leer, pero esta saga ha hecho de esta saludable práctica un vicio como cualquier otro al que estamos sujetos. La mina se tomó su tiempo, hubo un momento (entre el cuarto y el quinto libro) que se nota que no se le caía una idea, o que estaba recopilando fan fics para sacar lo mejor de cada uno. Convengamos que es una buena historia, un buen mundo creado que se deja de lado en el quinto libro y que empezó medio a los tumbos desde entonces. No hay lugar donde no se hable de algo sobre Harry Potter, o los libros, o las películas o el actor, o Rowling y sus millones, o la huída de accionistas que preveen en Scholastic luego de amasar lo que todavía queda. No es gran literatura, parece no ser solamente para chicos, y abarca en todo márketing posible. Es uno de los pocos casos en el que el que mucho abarca mucho aprieta. Las películas mucho menos son grandes peliculas. Comenzó siendo una idea, un pasatiempo tal vez, un libro, hoy es una impresionante máquina de facturar. Es así, Beckham no es un gran jugador de fútbol, pero es de los que más facturan. El fútbol le permitió eso. ¿Podrá ser entonces que la cultura a partir de ahora permita lo mismo? Orlando Barone en su carta abierta dijo: "Antes los escritores se ufanaban de renunciar al éxito y al dinero porque aspiraban al prestigio literario. Creían que todo junto era imposible sin rebajar la cultura. Ya no: escritoras como J.K Rowling aspiran a las tres cosas". No hay nadie de todos los que están involucrados en la repartija Potter que no recuerde los días de hoy y se diga a sí mismo: "Todo iba bien."

domingo, 22 de julio de 2007

Mate lavado

El mate ya comenzaba a lavarse. Amargo, tal como cada vez que debo estudiar. Sin dudas era momento de cambiar la yerba, hacía ya un par de cebadas atrás incluso. El agua de la pava ya estaba tibia, tirando a fría, y los apuntes sobre la teoría iluminista de Horkheimer (en este caso era un estudio acerca del componente nazi en la sociedad, pero poca atención tenía puesta en ello) descansaban placidamente sobre el mantel de plástico que se usa a diario en la mesa del comedor. Subrayando algunas frases que consideraba salientes y algo aburridas, levantaba la cabeza de vez en cuándo y mi rostro se reflejaba en el metal de la tetera. No me sentía cansado. No hacía mucho que había arrancado con el estudio. En cuanto al día, bueno, ni siquiera se había partido al medio aún. Se notaba que era un día hermoso afuera. Me tenté de levantarme de la silla y salir al patio para ver el cielo despejado y que el sol pudiera acariciar mi piel unos instantes. Pero no lo hice. La cosa es que la radio silbaba bajita un tema de the cure. Me sentía como normal. A veces me siento triste, como todos, incluso sin razones aparentes, otras veces me siento feliz, otros momentos estoy ansioso, a veces tengo miedo. Si, ya sé, todo eso también es normal, pero cuando no tiene nada de eso... ¿qué es? Para mí eso es sentirse normal. Incluso era uno de los pocos momentos que mi imaginación estaba como aquietada, estaba durmiendo. Creo que esa fue la característica rara del momento. Nada. El día también contribuía a esa sensación de normalidad. No me pregunten por qué, estoy menos que divagando. Allí estaba yo, terminando o empezando a estudiar. Me miré en la tetera de nuevo, y el reflejo fue el mismo que el de unos minutos atrás. Mis ojos se encontraron con ellos mismos, y por un instante, fueron extraños. Inmediatamente fueron los mismos ojos marrones que el espejo me devolvió cada vez que me paré frente a él. Me sonreí, y noté que hacía mucho tiempo no recibía una sonrisa amigable, sin importarme si aquella imagen de la tetera luego, al agachar la cabeza, mordiera el labio inferior en gesto evidente de fastidio. Volví la vista a la frase recién subrayada, quizás para intentar retener el concepto que pude haber advertido. La radio parecía haberse apagado, y no me había dado cuenta si fue antes o después de notarlo. Sí sentí un pequeño roce de hielo sobre mi nuca. Eso hizo que me paralizara unos minutos, como si todos mis sentidos hubieran advertido esa sensación que sólo es exclusiva al tacto. Giré la cabeza y miré detrás de mí. Claro que no había nada, pero una gota helada caía por mi espalda. No era sudor, era una gota de agua helada. Me senté derecho nuevamente, frente a mí estaban los apuntes, el mate y la pava. Y en ella el reflejo distorsionado de mi persona, en ese momento algo sorprendido y a la expectativa, sobre todo luego de notar, también mediante la imagen que se reflejaba en el frío metal, la imagen de una niña que lamía un helado, parada a mi derecha. Reía como tratando de simpatizar conmigo. La miré unos momentos con la pava como mediadora de su reflejo. Lentamente llevé mi vista, moví la cabeza hacia el sector dónde la niña debería de estar. Claro, no estaba allí. Pero en la tetera se seguía reflejando. Seguía lamiendo el helado, esos helados de agua, de gustos de fruta normalmente. Su mano derecha mostraba algunas gotas que chorreaban por entre sus dedos. La gota que, rebelde, había rodado por mi espalda, había llegado al final del camino, y ahora... bueno, estaba en otro lado. Volví a mirar directamente a mi costado, y nada. Volví a la tetera, y seguía allí. Me miraba fijo a mí, no en dirección al metálico y algo oxidado objeto. Vestía una especie de vestidito azul, o celeste, con un bordado blanco en el cuello. Llevaba el pelo oscuro atado en dos colitas. No sé si era tan niña, pero por su forma de vestir parecía más chica de lo que en realidad podría de ser. Allí estaba la niña, mirándome fijo a mí, alternando el objetivo de su visión a veces con su golosina. De pronto me vi realmente lleno de curiosidad por esa situación. No tenía miedo. Bueno, al principio si lo tuve, lo cual es lógico. No pensaba demasiado, sólo sentía curiosidad por la situación. No tanto por la niña, sino por la situación. Una oleada de aire frío entró de repente en el comedor, abriendo la puerta, evidenciando que afuera hacía un clima excelente, por el pequeño cielo que ahora quedaba libre a mi visión. En la casa de al lado, la vecina gritó algo. Siempre esa mujer grita, sobre todo llegando al mediodía. No me llamó mucho la atención el detalle en ese momento, de no ser porque la pava reflejó otra imagen. Una mujer, yo diría de unos 30 años. Comprendí que el grito provenía de aquella nueva imagen, que entraba en el comedor, que regañaba a la pequeña situada al lado mío, y que la sacaba de mi lado, abrazándola, como protegiéndola de mí. La tetera me mostraba la escena, como si estuviese en la butaca de un cine. La mujer alzaba a la chica y se perdía de la visión de la pava, diciéndome algo a mí, como pidiéndome disculpas. Ahora quedaba yo solo en el comedor. El mate estaba frío y la yerba definitivamente lavada. Me quedé unos minutos, inmóvil, pensando si quería o no seguir cebándome unos verdes. Moví el calentador de agua, o sea la pava, un poco, logrando que refleje a mi vista la puerta del comedor. Había varias personas en esa imagen. Entre ellas, la mujer y la chica que antes se habrían acercado a mí. Una abuela, sentada en la escalera del pasillo que da a mi departamento, se reía. Quizás se dio cuenta de que hace varios minutos debía de haberle cambiado la yerba al mate. O de que estoy leyendo sin ninguna gana estos apuntes.


sábado, 21 de julio de 2007

Gracias


Al Negro Fontanarrosa, uno de los tantos anónimos que le agradecen. Por todo.

miércoles, 18 de julio de 2007

Pity pity pity...

Una oración coherente del Pity Alvarez.





Bue, "coherente" dentro del mundo de Pity Alvarez... ¿no?

lunes, 16 de julio de 2007

Cultura

¿Vieron que la sección de Cultura del Domingo de Clarin (el diaroi de mayor tirada de Argentina) era de dos páginas? Ahora, el dato es que de esas dos páginas, una entera fue dedicada para Harry Potter, media para una propaganda y el espacio restante para anunciar cuando cierra la entrega de textos para el premio Clarín de novelas.

domingo, 8 de julio de 2007

Tonteorías


Tengo la idea de que con este equipo de invierno, caminando por Once a la madrugada, no me puede pasar nada malo.

Tren

Casi 0 grados, cerca de medianoche, el tren carece de algunas ventanas y ese deseo por llegar a un lugar acogedor se traduce en heladas ráfagas que entran por los poros.

Y de repente, el frío que pega bien adentro.



martes, 3 de julio de 2007

Mala

Fabián esperaba paciente. El departamento era un paraíso en comparación a lo habitual. La cama tenía sábanas limpias, el futón parecía recién comprado, las paredes nunca habían estado tan blancas y la heladera parecía haber traído de fábrica todos los ingredientes ideales para vivir durante un mes. El ambiente era el mejor, un cálido aroma provenía de no una sino varias velas aromáticas de olores frutales y de diferentes maderas. En la cocina se mezclaban en una olla los ingredientes de una salsa principiante. Hacía alrededor de dos horas que Fabián había comenzado con los preparativos en su casa. En cuero y con un jean gastado comenzó a picar cebolla y ajo al ritmo de Store in a Teacup. Haciendo la mímica del cantante de los Red Hot, echó los vegetales picados a una sartén donde un poco de aceite habría de dorarlos. Puso una pequeña cucharada de manteca y agregó también algunas hierbas adquiridas con total ignorancia. Casi al mismo tiempo en una pequeña cacerola algo abollada puso la salsa. Nuevamente volvió a la sartén y echó algunas alitas de pollo, con un poco de crema. “Para impregnar sabores”, se dijo a sí mismo, mientras golpeaba con un dedo en el cinto como si tuviera un bajo entre las manos. También cortó zanahorias y las agregó con champignones a la mezcla del sartén. Al cabo de unos minutos, y con la salsa tibia, echó todo en la misma cacerola a fuego lento. La camisa negra estaba impecable. El pantalón no tenía una sola arruga. Fabián, parado en el medio de la habitación, miró por tercera vez el reloj y trató de ver la hora que quiso. Pero eso, como todos sabemos, es imposible. Volvió a ver la pieza, tal vez algo no estuviese en orden, pero no. Todo brillaba. Las revistas porno habían sido cautelosamente guardadas en el rincón más lejano del placard. La computadora tenía como fondo de pantalla a un simpático cachorrito con ojos de ternura. En los techos no había rastros de aquella enorme telaraña que parecía querer caerle encima durante las noches. Se acercó al monitor y puso ‘random’ en el reproductor. Inmediatamente sonó ‘Una vez más’, de Viejas Locas. Fabián soltó una risa y se convenció a sí mismo “No, esta noche no”. Volvió a la cocina, decidido a poner los fideos en el agua, que ya estaba a punto de dar su primer hervor. De manera prolija cortó uno de los bordes con el enorme cuchillo que había logrado sacar a escondidas de la casa paterna. Luego buscó en el primer cajón, encontró el sacacorcho y fue hasta la mesa para descorchar el vino que había comprado. Un amigo le había recomendado Malbec, por su sabor dulzón. Ninguno de los dos tenía idea en realidad de cómo definir el sabor de un Malbec. El sonido del corcho saliendo de su encierro coincidió con el final de la canción que sonaba entonces (“Parachutes”, de Peral Jam) y con el inconfundible timbre del departamento. Algo ansioso, Fabian intentó serenarse, pasó ambas manos por la cabellera y se acercó con largos y decididos pasos a la puerta. Tomó aire como quien se dispone a un enorme desafió, giró el picaporte y esbozó la mejor sonrisa jamás brindada. –Hola –lo encontró una voz del otro lado de la puerta. Sorprendido por la inesperada presencia de aquella persona, Fabián borró de forma inmediata la sonrisa y dio lugar al pequeño pánico que se comenzó a vislumbrar en sus ojos. Aquella mujer, de cabellos negros y largos, de piel blanquísima y ojos tan oscuros como sus labios, extendió los brazos como si esperara un abrazo. –¿Qué hacés acá? –increpó Fabián. –Pero, che, no es que no me ves hace diez años, ¿me merezco eso en serio? – –No, pero… ¿qué hacés acá? – –Vine. –con total serenidad respondió la mujer. –Vine porque no sé, sentía ganas. – –No, lo que pasa es que… no es un buen… o sea, estoy medio como esperando a alguien – –Si, me doy cuenta. Todo peinado, bien vestido. ¿Y ese olorcito? Mmmhh, parece una salsita, ¿no? –dijo la mujer, al tiempo que se asomaba al interior del departamento. –Si, bueno, intenté hacer –dijo Fabián cuando se dio cuenta de la situación nuevamente. –Pero el tema es ¿qué hacés acá? ¿Por qué hoy? – –No me digas que dudaste qu podía llegar a aparecer –dijo riendo la mujer. Instantáneamente el mensaje en el celular de Fabián. Con total resignación, sacó del bolsillo el infernal aparatito, vio el número de María y el texto: “Perdón!, tngo parcial mña, me kmbiarn la fecha, turros! Jaja, lo dejamos para otro dia, si? Bsos” El tema de fondo es “Call me, Call me”. Fabián se siente algo mareado por la segunda botella de vino. Con la camisa algo desabrochada sentado en el futón ve los platos en la mesa, con restos de salsa y pan. Maldice el random de la música, maldice el gusto de la salsa a la que no le puso sal, maldice que se hayan pegado los fideos y por sobre todo, maldice a la mala suerte que se presentó justo esa noche y que a su lado, rie mientras recuerda la anécdota de cuando los desencontró a propósito en el Parque de la Ciudad hace más de diez años.